Óscar García y la mágica odisea de su vida

Ettore Mazzocca y Enza Barci

 Óscar García y la mágica odisea de su vida

Óscar García es un escritor salvadoreño que desde hace muchos años vive en Suecia, es profesor de español en la universidad de Gotemburgo y no obstante viva lejos de su tierra, El Salvador, sigue escribiendo sobre la realidad centroamericana valorizándola.

Óscar García siempre consigue tratar aun las cuestiones más tristes de una tierra demasiadas veces invisible a los ojos de los demás por las estrategias mediáticas del poder, en una época que ya está viendo los resultados positivos con respecto a una población que quiere ser autónoma, independiente y especialmente democrática, desde siempre, pagando con la propia vida el precio de un derecho que en otros sitios está en la base de la sociedad civil.
Hace poco Óscar García fue invitado por la Universidad de Calabria (Italia) para dar una lección magistral sobre la literatura salvadoreña, colaborando así al curso de literatura hispanoamericana de la profesora Emanuela Jossa, este año dedicado por completo a la literatura de El Salvador. Presentó también su novela: La Odisea de Anders Carlsson, publicada en 2013 por DPI. En esta ocasión nació un interesante debate que permite descubrir muchos aspectos inéditos sobre la vida del autor y también sus juiciosa veces impetuosos sobre su tierra muy amada pero que al mismo tiempo le ha obligado a irse para tener un rescate social que probablemente nunca habría obtenido.
Periodista, escritor, traductor, ¿cuál es la vocación de su vida? De todo lo que ha hecho hasta ahora, ¿qué es lo que más le gusta y por qué?
Lo que me gusta más es ser escritor porque es libre y creativo. La traducción es importante porque hace accesible un texto para un montón de gente, pero el traductor no puede crear mucho más de lo que ya está en el texto. Ser periodista me gusta porque me encantan los audiovisuales, contar la historia con imágenes; esto tiene mucho que ver con la literatura porque yo siempre pienso y escribo con imágenes. Mis lectores dicen que leen mis textos como a través de una cámara. Yo quisiera dedicarme más a la literatura de ficción y escribir guiones.
 
¿Cuáles son los escritores que más han influido en su creación literaria y cuál es el libro que usted considera más importante?
Uno tiene influencias todo el tiempo. A mí me impactó mucho “Cuentos de barro” escrito por el salvadoreño Salarrué. Empecé con la literatura de mi país porque me gustaba leer cosas que conocía; más tarde leí a García Márquez y me di cuenta que muchos escritores fueron influenciados por él, que es el monumento de la literatura latinoamericana. Otros escritores que me gustan mucho son el salvadoreño Castellanos Moya y el mexicano Juan Rulfo porque utilizan el lenguaje oral.
¿Cuál es el papel de un escritor latinoamericano en la realidad social sueca, cuál es su principal aspiración como escritor y para quién escribe?
 
Es problemático porque yo soy un escritor latinoamericano en Europa. El público más lógico podría ser mi gente en Latinoamérica pero estoy un poco alejado y mucha gente no me conoce. Por ejemplo, estoy tratando de publicar un libro de cuentos en Guatemala con mucha dificultad. En Suecia distribuir libros en español es complicado, pero también escribo en sueco. Soy miembro de una Asociación de Escritores Obreros y casi siempre escribo sobre la perspectiva del inmigrante, que para mí es muy importante, porque muchos inmigrantes no escriben. A mí que me gusta hacerlo, me parece casi una obligación porque el inmigrante no debe estar callado, él debe hablar de su condición.
Usted es profesor, ¿también en Suecia hay algunos que, erróneamente, creen que la literatura hispanoamericana sea inferior a la española?
 
Sí, los estudios de español son eurocéntricos. Se suele partir todo en dos, una mitad es la cultura y la literatura de España y otra mitad es la cultura y literatura de Hispanoamérica. Esto es absurdo porque España es un país con 50.000.000 habitantes y, en Latinoamérica, sólo México tiene 120.000.000 y muchas variedades de español. Hay que cambiar todo esto. Mi posición es postcolonial. Afortunadamente, los estudiantes de hoy entienden el problema. Muchos no van a España, prefieren ir a Latinoamérica. Yo siempre empiezo mis cursos de pronunciación preguntando cual es el mejor español del mundo y la respuesta, naturalmente, es que no existe porque no podemos ser normativos. Los niños en El Salvador aprenden los pronombres personales en la escuela siguiendo el esquema del español de España, pero nadie utiliza el “tú” ni el “vosotros”.
¿Cree que los jóvenes autores en El Salvador pueden tener éxito también si se quedan en “El Pulgarcito”?
 
Sí, la literatura en El Salvador está creciendo pero hay que apoyar este fenómeno porque mucha gente que tiene dinero prefiere comprar cervezas. Lo que falta es distribuir libros, incentivar a los lectores y mejorar las bibliotecas que no funcionan. Sería mejor para los estudiantes saber mucho más de la literatura de su propio país, muchos terminan el bachillerato y no conocen escritores que viven cerca de ellos.
El protagonista de “La Odisea de Anders Carlsson”, su último libro, tiene la necesidad de irse de su país de origen, a otro sitio donde nadie lo conoce: ¿es una experiencia autobiográfica o solo una casualidad? Hay varias partes en las que el protagonista me ha hecho pensar al escritor, ¿el personaje es Óscar García en realidad?
 
¡No! Cuando escribo es importante para mí que sea ficción; no me gusta mucho escribir sobre mí mismo. Hace tiempo escribí un libro un poco autobiográfico sobre un salvadoreño que llega a Suecia pero no se publicó. Hay experiencias personales y cosas que pienso o que piensan mis amigos o que veo en la televisión o en el periódico e imagino un personaje. Hablo de países que he visitado porque es mucho más fácil, por ejemplo en el futuro creo que Italia entrará en mis cuentos.
El estrés del mundo moderno ya no está hecho por problemas concretos sino de algo casi invisible, la tecnología, ¿cuál es su relación con esta? Al fin y al cabo, ¿es tan negativa? Durante toda la novela se nota la necesidad del protagonista de controlar el correo electrónico para seguir teniendo contactos con sus raíces.
 
Sí, es un poco ambivalente tanto en el personaje como en la vida misma de todos. Conozco a mucha gente que tiene problemas con la técnica y a mí mismo me irrita, me gusta pero no acepto que se interponga una maquina entre dos personas. Por ejemplo cuando voy a dar una clase y algo de este tipo no funciona, un Power Point o el proyector por ejemplo, da la impresión de que yo no esté preparado pero no es así, es simplemente la máquina que está creando el problema. Con respecto al teléfono celular yo nunca lo he tenido en mi vida, por primera vez lo compré en agosto solo para comunicarme ya que no tengo otro en Gotemburgo; había logrado estar sin celular hasta ahora pero necesitaba comunicarme. Lo veo un problema moderno, muchas veces veo a mis alumnos controlando mensajes todo el rato; estaría bien irse a Mongolia en la nada, sólo hay caballos salvajes, de este modo uno entiende cosas como lo que es la vida en realidad.
También se habla de racismo en la novela, por ejemplo de las organizaciones racistas como la “cruzada blanca”, ¿cuál es su opinión sobre la consideración europea de los latinoamericanos? Viviendo en España muchas veces he notado un racismo bastante fuerte hacia los latinoamericanos, ¿es un problema real también en otros países como Suecia o es en España que mayormente vive este problema (por los varios motivos históricos que conocemos)?
Es un problema grande en todo Europa, más y más… el racismo está creciendo. Pero por supuesto la gran mayoría de la gente no es racista. Son grupos pequeños pero que están gritando bastante, además son muy agresivos, pueden golpear a alguien; por ejemplo en Suecia, un hombre africano con su hijo en un puente se encontró con grupos racistas y lo querían tirar del puente… frente a su hijo, un niño muy pequeño, el hombre se agarró al puente y ellos le pegaban a las manos pero no lo lograron tirar; lo que tiene de bueno esto es que también la gente ha reaccionado, los antirracistas están también, son organizaciones fuertes. También a nivel político, ahora allí hay un partido racista de derecha que está en el parlamento y tiene el 13%, también ha boicoteado el gobierno cuando se debían votar los planes que tenían para el país, el único punto que defienden es parar la inmigración.
En México el protagonista vive una mala experiencia de violencia cuando pegan a su futura amiga transexual. ¿Cuál es la realidad no sólo mexicana sino latinoamericana de la delincuencia? ¿Y cómo vive quién decide cambiar de sexo o simplemente abrir a la sociedad su verdadera identidad sexual como las lesbianas y los homosexuales?
La violencia es un gran problema. Hay países donde hay más violencia y algunos están en Centroamérica: Guatemala, El Salvador, Honduras, México. Hay pandillas de jóvenes muy violentas. Aunque a veces se dice que Caracas es la capital más violenta del mundo.
Con respecto a la segunda pregunta, me parece que haymucha intolerancia ante las preferencias sexuales, es un problema histórico, cuando se habla de homosexualidad hay el problema del machismo, que permea la sociedad desde siempre. El homosexual siempre se ha visto como un payaso, alguien con el que puedas hacer lo que te da la gana, incluso matarlo. De lesbiana casi no se habla porque en un mundo machista la mujer no puede ser un problema, es una cosa rarísima. Las lesbianas siempre se han aceptado más que lo homosexuales. Es la norma del hombre, las mujeres están a otro nivel.
Sobre los transexuales yo sabía que había en Europa o en Brasil, pero una vez que fui a El Salvador, por la noche en el coche vi a unas mujeres en una esquina y alguien me dijo que eran transexuales. Yo no sabía que en El Salvador había, hay en todas partes por supuesto. Deben tener toda la libertad y ser respetadas, es una lucha por los derechos humanos.
En la novela Quique le aconseja a Anders escapar cuando descubre el delito de la transexual matada especialmente porque nadie confía en la policía y porque las cárceles de allí, ni se la imagina… ¿Cuál es la situación de la justicia en El Salvador en particular? Las maras son un problema real y cotidiano, ¿la policía intenta combatirlas o hace como que nada está pasando?
 
No, la policía intenta combatirlos, hay una política de diferentes gobiernos que se llama “mano dura” para exterminar a las maras. Han intentado crear incluso un “escuadrón de la muerte”, antes perseguían a los políticos, en general han sido policías, militares, llegan de civil y matan a alguien, entonces los escuadrones se han especializado para matar a estos pandilleros. Los gobiernos han intentado encarcelar a estos jóvenes y de hecho las cárceles están llenísimas; cuando le pasa algo a una persona común y corriente y se va a la cárcel, es muy peligroso porque los que encuentra dentro son asesinos, son de otro tipo de delincuencia. Por ejemplo en México hay relación entre los narcotraficantes asesinos y la policía, hay mucha corrupción, en El Salvador creo que hay menos, después de la guerra está mejor la policía.
Después de la guerra en El Salvador, Guatemala y Nicaragua se crearon nuevas policías con la ayuda de los europeos: los suecos, los españoles y otras policías, ayudaron a la policía de allá a ser más democrática. Se creó una policía civil que no tenía nada que ver con los militares, pero el material humano era lo mismo. Hubo una especie de purga, a algunos no les permitieron participar en esta nueva policía; antes los policías eran gánster. También hay mucho machismo en la policía, esto es un problema para las mujeres policías. Yo tengo un amigo policía, y me cuenta qué difícil es estar por ahí en la calle, de repente te pueden querer matar y te tienes que defender…
Se habla mucho de la religión católica en la novela, ¿Cómo la viven los salvadoreños? ¿Es más común la religión en el modelo europeo o la magia de los chamanes como se nota al final de la historia?
 
Todo el continente es muy religioso, y esto ha crecido más y más. Ahora la gente es como que se ha dado el derecho de bendecirte, todos te dicen bendiciones, lo veo muy extraño porque no tengo el poder de bendecir a otro, quizás podría hacerlo el cura, pero ahora cualquiera lo hace. La mitad son católicos, la otra mitad son de las nuevas iglesias protestantes, es muy paradójico que en estas sociedades tan religiosas la violencia es tan fuerte, ¿no está en contra de la religión esto?
Los chamanes los hay sobre todo en la cultura indígena, es muy interesante, alternativo y muy vivo. También hay gente que cree en todo tipo de cosas: magia negra, vudú, santería… es decir que la religión está muy presente, hay poca gente que no es idealista de esta forma, es muy difícil ser ateo porque la gente no te entiende.
Además hay revolucionarios que utilizan un lenguaje religioso. Yo antes no me daba cuenta porque estaba allá, ahora que estoy fuera veo que está bien cargado, que se habla de nuestros mártires – gente que ha luchado y ha muerto -, pero esto no tiene nada que ver con la religión. La política es cómo administrar el estado pero ellos hablan de religión todo el tiempo.
 
Usted se doctoró en 2010 con una tesis sobre “Literatura Centroamericana” en la que analizó el tema del guerrillero, ¿qué opina de la pasión revolucionaria del escritor y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, al cual en estos días han dedicado la obra “Noventa en los Noventas” en la Feria del Libro en México?
 
Ernesto Cardenal es un escritor y poeta muy valiente porque fue uno de los primeros en escribir textos modernos con el tema de la opresión en Nicaragua, relacionada a la familia Somoza. En Latinoamérica ser cura y revolucionario e incluso guerrillero no es algo raro porque es un territorio en el que la religión se mezcló con el marxismo. De hecho, la Teología de la Liberación afirma que la religión debe ponerse al servicio del pueblo.
En fin, ¿qué es lo más sagrado para usted?
El respeto a los demás. Engañar o robar a alguien es muy malo. Las diferencias sociales crean problemas porque implican que no somos todos iguales. La guerra es algo fatal porque si yo no quiero estar muerto no puedo ir a matar a otro. El mundo está cabeza abajo, siempre lo ha estado, por esto todo lo bueno que podemos hacer, tenemos que hacerlo.
*Entrevista por Ettore Mazzocca y Enza Barci
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